Lápices bajo amenaza
Tres estudiantes de escuelas secundarias, con el único rasgo común de haber participado en marchas por los derechos humanos, han sido amenazados. Marcha para el 3 de noviembre, mientras los colegios oficiales incrementan la seguridad, no para cuidar a los chicos, sino para controlarlos e intimidarlos.
Esteban Fechtel, del centro de estudiantes del Mariano Acosta, recibió la primer amenaza hace quince días, cuando un policía de la Federal, le advirtió que "tuvieran cuidado" porque ya los habían fichado a todos. Después una patota "apretó" a una chica del Nacional 17. Y el viernes pasado, luego de que los alumnos de varios colegios cortaran la calle para denunciar las amenazas, siguieron a una compañera del Normal 4. Tres chicos amenazados en dos semanas, los tres con una característica común: participar en sus centros de estudiantes e ir a marchas. Esteban, 17 años, del centro de estudiantes del Mariano Acosta, habló con lavaca de lo que está pasando en los colegios porteños y de la movilización que los secundarios preparan en reclamo de seguridad.
-¿A qué atribuyen las amenazas?
-Fueron todas después de la marcha por la Noche de los Lápices, y se juntó además con las marchas por Julio López
-¿Tienen alguna característica especial estos colegios para que los eligieran?
-No, no. Son escuelas como cualquier otra, colegios comunes que tienen centros de estudiante, como cualquier otra escuela. Nos pasó a nosotros como puede pasarle a uno de la facultad o de cualquier otro colegio.
-¿Qué hicieron después de estas amenazas?
- En mi colegio el tema se está hablando, la semana pasada hicimos un corte de calle frente a la comisaría de la zona, en Belgrano y Urquiza. La actividad fue por Julio López y además denunciamos las dos primeras amenazas. El viernes pasado hicimos un corte en Acoyte y Rivadavia.
-Y cuando terminó, volvió pasar.
-Sí, a la chica del Normal 4. Ahora estamos preparando entre varios secundarios una marcha para el 3 de noviembre a la Secretaría de Derechos Humanos. La idea es convocar a la prensa y contar lo que nos está pasando. Son casos importantes y jodidos, no queremos que vuelvan a pasar, pero lamentablemente es posible que pasen.
-¿Cómo se están cuidando?
-Vamos buscando formas. Por ejemplo, cuando fueron las marchas por Julio López participamos unos cincuenta. Antes de salir hicimos una planilla, anotamos a todos los que íbamos a la marcha y repartimos entre nosotros un número de teléfono para que al volver a su casa cada uno llamara avisando que estaba bien. Si alguno se demoró, nos ocupamos de llamarlo nosotros. Después, obviamente, es imposible que estés siempre comunicado, en algún momento vas a estar solo; pero estamos teniendo el doble de precaución con la gente que vemos sospechosa. Estamos atentos, porque en los cortes vimos que apenas empezamos la actividad aparecía gente vestida de civil, evidentemente comisarios, que salieron con 'handies' a transmitir lo que hacíamos.
Nota publicada en Lavaca
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